La cima, la perfección y culminación de la vida cristiana es el martirio. La gracia del martirio es el milagro más insigne que Dios realiza en los cristianos. Padecerlo es la ofrenda más sublime que ellos pueden hacerle a Dios (SJE Obras Escogidas, 209).

La familia eudista de Venezuela desea compartir con todos los hermanos nuestro discipulado misionero en medio de la más terrible realidad de penuria y sufrimiento que padecemos como país fracturado económica, social, anímica e institucionalmente por la dictadura militar que actualmente nos oprime hasta los más básicos derechos humanos. Elevamos con ustedes nuestra fe y esperanza a nuestro amado Dios fiel a su pueblo, confiados en que nos acogen en un solo corazón con la oración y leal compañía.

Canto de animación

¡Oh Jesús! aniquilo a tus pies
Todos mis deseos e intenciones
adoro, amo y alabo de todo corazón
tu santa voluntad
A pesar de mis sentimientos contrarios
quiero amarte, bendecirte, glorificarte
en todo lo que has querido
disponer sobre mí
en tiempo y eternidad (Bis)
Música: Jorge Carrero
Interpretado por los formandos eudistas: Jorge Carrero (guitarra-voz) Jhonder Hernández (voz)


Texto Bíblico: Rom 8, 35-39

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?, como dice la Escritura: Pero en todo esto salimos vencedores gracias a aquel que nos amó.

Pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida ni los ángeles ni los principados ni lo presente ni lo futuro ni las potestades ni la altura ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro.

Evangelio del día: Mateo 11, 25-27

En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Silencio…

Vinculemos la voz del Señor con los horrores de la historia que nos toca vivir.

Textos de san Juan Eudes.

• Cómo usar santamente de las arideces y aflicciones espirituales.

[…] 3. Cuídate de dejarte llevar de la tristeza o el desaliento: antes bien alégrate, considerando:

3.1. Que Jesús es siempre Jesús, es decir, siempre Dios, siempre grande y admirable, en continuo estado de gloria y de felicidad que nada puede mermar: Sabed que el Señor es Dios1, y así dirás: Me basta saber que siempre eres Jesús. Si lo eres siempre para mí, suceda lo que suceda estaré feliz.

3.2. Alégrate de saber que Jesús es tu Dios, que es todo tuyo y que perteneces a tan buen Señor, y recuerda lo que dice David: Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor2.

3.3. Alégrate porque es entonces cuando podrás servir al Señor con mayor pureza, por puro amor y no por los consuelos que antes te daba. Y para demostrar la fidelidad y pureza de tu amor a él, realiza tus acciones y ejercicios ordinarios con la mayor perfección que te sea posible.

Cuanto más sientas en ti frialdad, cobardía y debilidad, más debes acudir al que es tu fuerza y tu todo. Entrégate a él con más intensidad y eleva con mayor frecuencia tu espíritu hacia él. No dejes de hacer a menudo actos de amor a él sin preocuparte si no sientes el fervor y el consuelo habituales. ¿Qué importa que tú no estés contento si Jesús está contento? Acontece con frecuencia que lo que hacemos en estado de aridez y desolación espiritual, por ser más depurado le agrada más que lo hecho con fervor y devoción sensible que de pronto van acompañados de amor propio.

Finalmente, no te desalientes por las faltas y cobardías que cometas en ese estado. Pero humíllate ante nuestro Señor y ruégale que las repare por su misericordia. Confía en su bondad que así lo hará. Sobre todo conserva siempre en ti el propósito firme de que, suceda lo que suceda, lo servirás y amarás perfectamente y le serás fiel hasta el último instante de tu vida, contando con su inmensa misericordia. (SJE Obras Escogidas, 209)

1 Sal. 100 (99), 3.
2 Sal. 144 (143), 15.

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• Todos los cristianos deben ser mártires y vivir en el espíritu del martirio.

[…] Porque si no quieres ser mártir de Jesucristo, lo serás de Satanás. Mira a cuál de los dos prefieres. Si vives bajo la tiranía del pecado, serás mártir de tu amor propio y de tus pasiones y, por lo mismo, del demonio. Pero si deseas ser mártir de Jesucristo, esmérate por vivir en el espíritu del martirio que contiene cinco cualidades eminentes:

1. Es un espíritu de fortaleza y perseverancia que no se deja convencer ni vencer por promesas ni por amenazas, por halagos o por rigores y que sólo teme a Dios y al pecado.

2. Es un espíritu de profunda humildad que detesta la vanidad y la gloria del mundo y ama los desprecios y humillaciones.

3. Es un espíritu de desconfianza de sí mismo y de firme confianza en nuestro Señor Jesús, como en aquél que es nuestra fuerza y por cuya virtud todo lo podemos.

4. Es un espíritu de totaI desprendimiento del mundo y de las cosas del mundo. Porque los que han de sacrificar su vida a Dios deben sacrificarle con ella todo lo demás.

5. Es un espíritu de amor ardiente a nuestro Señor Jesucristo que conduce a los que están animados por él a hacerlo y sufrirlo todo por el amor de aquél que todo lo hizo y sufrió por ellos. Ese espíritu los posee y embriaga de tal manera que consideran, buscan y desean, por amor a Cristo, las mortificaciones y sufrimientos como un paraíso y evitan y detestan los placeres y deleites de este mundo como un infierno. (SJE Obras Escogidas, 217)

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Texto: LA VIDA DE JESÚS EN NOSOTROS (“FORMAR A JESUS EN NOSOTROS - 1”), P. Carlos Triana, Eudista

“… Por ello, cuando te dispongas a hacer una acción, acuérdate de que vas a continuar las acciones de Jesucristo, actuando como actuaría él, si estuviera en lugar tuyo, es decir, con las disposiciones con que ha obrado y sigue obrando a través de su Cuerpo místico. Para este fin únete a las disposiciones, intenciones e inclinaciones con que él actuó, entre las cuales quiero destacar las siguientes:

Humildad y Caridad. La primera disposición es hacerlo todo con profunda humildad, reconociéndonos indignos de hacer el bien por nuestra propia fuerza. Y hacerlo todo con ardiente caridad hacia el prójimo. Esto implica hacerlo todo con alegría, bondad, sencillez

Confianza. La segunda disposición para obrar es actuar con respetuosa y amorosa confianza en Dios. No por nuestros méritos y facultades sino en virtud del poder de Dios.

Pureza de intención. La tercera disposición para actuar es la pureza de intención. Querer obrar rectamente en aquello que nos toca hacer, y con el único deseo de agradar a Dios, de hacer por su amor, para su gloria y para la salvación del mundo

Perseverancia. La cuarta disposición que debe acompañar nuestras acciones es la perseverancia.

Darse al Espíritu Santo. Finalmente, como cima de toda santa disposición, cuando comiences tus acciones entrega vigorosamente tu espíritu y tu corazón a Jesús y a su divino Espíritu. Ruégale que ponga en tu espíritu los pensamientos y en tu corazón los sentimientos y afectos que él desea encontrar en ti. Abandónate a él por completo para que te dirija según su beneplácito en tus obras” (28 y 29)

< A la luz reflexiva de estas lecturas efectuar una oración AGAPE comunitario.>

AVE MARÍA

Oración conclusiva con san Juan Eudes:

Corazón de Jesús,
fuego que ardes sin consumirte,
amor sin cesar ferviente,
enciéndeme por entero
para que te ame con todo mi ser.
Dios todopoderoso, te pedimos
que infundas en nuestros corazones
el Espíritu y el Corazón de Jesús,
tu Hijo amantísimo,
para que teniendo con él un solo Espíritu
y un solo Corazón,
merezcamos sacrificarte nuestra vida
y cuanto nos pertenece. Amén.

 

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