A finales de este mes, entraremos en un nuevo año, según el ritmo que la Iglesia nos ofrece en la liturgia. Y a pesar del estado de pandemia que aflige a todos en la tierra e impone restricciones de salud que nos resultan dolorosas y nos parecen interminables, el tiempo vuela. Ahora este tiempo es el de Dios, dado para cumplir nuestras misiones personales de vida, para que en la Iglesia continuemos la obra del Señor para hacer este mundo mejor y digno de la salvación que se nos concede, para que la Congregación cumpla fielmente su misión: trabajar en el corazón de todos aquellos inspirados por el carisma evangélico de San Juan Eudes.

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