El “misterio de los misterios” de nuestra vida cristiana -lo sabemos bien y lo repetimos – es la formación de Jesús en nosotros. La reanudación y uso masivo de esta expresión por parte de san Juan Eudes, tomada de la carta de san Pablo a los Gálatas (4, 19) está precedida de su experiencia personal como discípulo amante de Jesús. Juan Eudes ya vive otra expresión de la misma carta a los Gálatas: “Vivo, pero no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí” (2, 20), el verso más citado en todas sus obras. Esto es porque san Juan Eudes tuvo la experiencia de la vida interior de Cristo en él que, como san Pablo, quiere que sus lectores y sus oyentes también la tengan: acoger en sí mismos la vida, los sentimientos, las disposiciones, el espíritu de Jesús. Lo anima un gran deseo: conocer a Jesús, entregar todo a Jesús, vivir sólo para él y en él. Esto lo llevará a desear que el Corazón de Jesús sea su corazón, o más aún, descubre un increíble don: ¡Jesús vive en él su inmenso amor, él le ha dado su Corazón! ¡Increíble don que va más allá de lo que imaginó! Juan Eudes es un apasionado de Cristo y quiere apasionar a todos los que conoce. ¡Y vale la pena hacernos hombres y mujeres apasionados por Cristo!

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