Con una clara visión de la realidad eclesial y de sus urgencias, el Concilio Vaticano II subrayó la importancia de organizar en la formación presbiteral “un curso introductorio” que dure el tiempo necesario. “En esta iniciación a los estudios propóngase el misterio de la salvación, de forma que los alumnos adviertan el sentido, el plan y la finalidad de los estudios eclesiásticos y, al mismo tiempo, se sientan ayudados a fundamentar y a empapar toda su vida personal en la fe y a consolidar su decisión de abrazar la vocación con la entrega personal y la alegría de espíritu”(OTE. 14).

Los Eudistas, atentos a estas directrices, asumimos en la década de los 80, el liderazgo en muchos seminarios mayores diocesanos y en nuestras casas de formación, la experiencia del curso introductorio y del año propedéutico, como un tiempo de preparación a la vida del seminario.

A esta experiencia, le imprimimos toda la riqueza formativa de nuestro legado espiritual para brindar a los jóvenes seminaristas los medios, las herramientas y los espacios necesarios que les permitieran crecer en el conocimiento de sí mismos, de los demás y de la vida en el Seminario, así lograr una adecuada adaptación e integración personal y comunitaria.

Actualmente, con sus debidas adaptaciones culturales, seguimos coordinando esta experiencia en los seminarios diocesanos y en nuestras casas de formación en las que actualmente servimos.