El desarrollo, desde el punto de vista cristiano católico, lo caracterizamos como la tarea evangelizadora que genera espacios vitales como expresión concreta del don del amor de Dios a través de programas, estrategias y acciones que busquen y consoliden el progreso integral de las personas.

Por tal motivo, los Eudistas, por medio de estos centros de formación para el desarrollo, formamos los laicos en este horizonte de sentido. En efecto, estas escuelas han sido creadas para que los laicos se involucren en caminos de desarrollo social, generen recursos, lideren procesos de transformación de las realidades hostiles y de pobreza, y  promuevan la dignidad del trabajo.

Con estos centros, ayudamos a las personas a poner en marcha proyectos de productividad como cooperativas, microempresas, empresas familiares, etc., con todos los requisitos legales, pero desde la perspectiva solidaria, misericordiosa y fraterna, es decir, ayudamos a construir espacios sociales con identidad y dinámica evangélica.