Queremos anunciar al mundo que Cristo vive y reina. Que su amor es invencible. Que su misericordia es un regalo cotidiano. Que su presencia está entre nosotros. Para ello, los Eudistas, que acompañamos laicos en su proceso de formación, no queremos otra cosa que todos ellos, una vez terminen su formación, se conviertan en formadores de otros laicos, es decir pasen de ser formandos a formadores.

No proponemos una formación pasiva que sólo sea recibir experiencias y conocimientos nada más, sino una formación dinámica que haga de que todo aquel que recibe una instrucción o vive una experiencia espiritual o misionera, un apóstol comprometido con el Señor y su Iglesia en medio de la sociedad. Es para nosotros un alegría inmensa, en el Señor, ayudar a los laicos a descubrir su papel protagónico y su acción pastoral en su diócesis, la parroquia, el barrio, los espacios laborales, los contextos académicos, la familia, etc., siendo formadores, promotores, líderes, coordinadores, educadores, etc., de otros laicos.